Por Jorge Ríos, CEO de Etecnic Movilidad Eléctrica
Hace unas semanas asistí a la feria NME de Milán, dedicada al transporte de personas. Me sorprendió su atmósfera: tranquila, silenciosa y altamente profesional.
Quienes estábamos allí éramos, en su mayoría, perfiles técnicos: operadores, ingenieros y responsables de flota enfocados en resolver desafíos concretos.
Lo más impresionante fue constatar la madurez en la electrificación de este sector. Ciudades como Milán o París ya avanzan con paso firme hacia el 100% de flotas de autobuses eléctricas.
En España, Madrid y Barcelona apuestan firmemente por el vehículo eléctrico, descartando otras alternativas. Desde Etecnic participamos activamente en estos proyectos y doy fe de que esta transición ya no se debate: se ejecuta.
Dos ferias paralelas, dos realidades de la movilidad urbana
El contraste era absoluto justo al otro lado del pasillo, donde se celebraba la feria de transporte pesado y logística. Un ambiente mucho más multitudinario y vibrante, pero también caótico y disperso.
Esta dualidad la volví a vivir en el Congreso de Smart Distribution de AECOC, donde se evidenciaron las realidades opuestas que conviven en nuestro país:
«La electrificación del transporte de personas avanza más rápido porque su operación es predecible: rutas fijas, horarios estables y carga centralizada. La distribución de mercancías, en cambio, es dinámica por naturaleza, fragmentada y mucho más difícil de ordenar sin cambiar antes el propio modelo de operación.»
La teoría de juegos y el dilema de los márgenes comerciales
En AECOC presencié las dos caras de la moneda. Por un lado, gigantes como Amazon adaptando su colosal maquinaria apoyándose en el comercio local para la última milla.
Por el otro, un empresario mediano me confesaba con honestidad el dilema real: al repartir márgenes en la cadena intermedia y buscar un precio competitivo para el cliente final, la sostenibilidad suele ser lo primero que se sacrifica.
Aquí surge la pregunta clave: ¿quién está dispuesto a ceder un poco de beneficio para que ganemos todos?
Si aplicáramos la teoría de juegos a la distribución urbana, la encrucijada es clara: ¿aceptamos reducir un 10% de margen para avanzar juntos hacia un modelo limpio, o seguimos compitiendo de forma individual esperando que el impacto lo asuma otro?
El transporte de personas encontró la respuesta remando en la misma dirección gracias a reglas de juego fáciles de compartir. El de mercancías, en cambio, aún busca ese acuerdo. Mientras no lo logre, seguiremos viendo dos velocidades en la misma ciudad y una sostenibilidad que pierde frente al corto plazo.
El diagnóstico ya está sobre la mesa y el reto no es tecnológico. La pregunta ahora es: ¿quién se atreve a mover ficha primero?
